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Antes de cambiar la decoración, vale la pena preguntarte qué te hace sentir ese espacio.
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Piensa en cuántas horas pasas en tu casa: es el primer lugar que ves al despertar y el último antes de dormir. Ahí descansas, trabajas, cocinas, recibes a tu gente, y la mayoría de las veces, simplemente existes.
Y aun así, rara vez te preguntas cómo te hace sentir ese espacio. La decoras para que se vea bien, para que sea práctica, para que le guste a quien entra. ¿Cuándo fue la última vez que pensaste si de verdad refleja quién eres hoy?
Un hogar no depende del tamaño, ni de los muebles, ni del presupuesto que le pongas: depende de que el espacio empiece a trabajar a tu favor, que entrar por la puerta te dé calma en vez de estrés, que haya un rincón que te invite a quedarte un rato más, que lo que te rodea tenga un propósito, no solo ocupe lugar.
No hay una fórmula única para esto. Para algunas mujeres es la luz natural entrando por la mañana; para otras, una biblioteca, unas plantas, una cocina donde siempre hay alguien conversando. Lo que importa no es tanto el estilo sino la sensación que te provoca.
Y esa sensación se va escapando de a poco, casi sin que lo notes: llegan hijos, trabajo, rutinas nuevas, y la casa se va acomodando a todo eso, hasta que cada rincón termina teniendo una función para alguien más, menos para ti.
Sigues queriendo tu casa igual que siempre; lo que ha ido cambiando es que dejaste de hacerla evolucionar contigo, y cuando un espacio deja de reflejar quién eres hoy, también deja de darte esa sensación de refugio que antes tenía.
Aquí es donde muchas veces confundimos las cosas: pensamos que hace falta renovar toda la decoración, seguir la última tendencia, empezar de cero. Pero casi nunca hace falta tanto. A veces el cambio está en sacar lo que ya no te representa. En mover un sillón para que entre más luz. En prender una vela al final del día. En tener un rincón donde leer, escribir, o simplemente tomarte un café en silencio, sin que nadie te pida nada.
Lo que buscas es una casa que te haga sentir bien, eso es todo, y la diferencia está en dejar de pensar en cómo se ve tu casa, para empezar a pensar en cómo se vive.
La práctica mínima: esta semana, podrías intentar crear un solo rincón que sea completamente tuyo, aunque sea una silla junto a una ventana, un escritorio, un espacio de lectura, un lugar donde entrar y sentir que ahí no se te pide nada.
Tu casa es el escenario donde ocurre tu vida, donde empiezan tus mañanas, terminan tus días, y pasan esos pequeños momentos que, sin que te des cuenta, van construyendo quién eres.
Si quieres saber cómo está tu señal de Regulación hoy, el test de Señales es el punto de partida.
Autor:
Antonia Spencer
Tu casa es el escenario donde ocurre tu vida.
[ EL OBSERVATORIO ]
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